Estudios de Traducción... ¿Una pérdida de tiempo para el traductor?

sábado, 24 de mayo de 2014


Son muchas las críticas que han recibido los Estudios de Traducción (o la Traductología) por parte de algunos profesionales de la traducción, para quienes solo resultan aprovechables y útiles a la práctica los estudios de tipo prescriptivo, o bien, teorías que brinden “recetas” para traducir. Siempre recuerdo las palabras de Daniel Gile que, con algo de incredulidad y sorpresa, tuve que traducir en mi último año de Traducción:

Esta investigación académica es objeto a menudo de fuertes ataques (véase, por ejemplo, Danaher, 1992), en parte quizá porque los traductores e intérpretes consideran que es poco fructífera, y que su producción no es relevante o útil para la traducción e interpretación. Esta postura se ha mantenido durante años, véase, por ejemplo, Van Leuven Zwaart (1989); Chesterman and Wagner (2002) y puede deberse en parte al resentimiento contra lo que ellos consideran una actitud individualista de algunas personalidades del mundo de los ET (estudios de traducción) [Traducción nuestra] (Gile, s.f.).[1]

Al momento de traducir el texto, me encontraba haciendo mi tesis de grado, y empecé a preguntarme sobre cuáles eran los beneficios que iba a traer mi investigación al campo de la traducción, además del posible aporte, aunque mínimo, al área de la traductología. No iba a enseñar a traducir con el estudio que estaba haciendo, pero no por eso —pensaba— dejaba de resultar importante...
Durante mucho tiempo la pregunta me persiguió y llegué a recibir una crítica algo dura de un profesor, que me dijo tajantemente: “Tú no harás ningún aporte. Decir eso es muy ambicioso. No escribas la palabra aporte en tu justificación”. Le hice caso: la cambié por contribución. ¡Ja! De hecho, cuando se lo comenté a los profesores de la Cátedra de Lengua y Literatura, todos estuvieron de acuerdo —lo que fue de gran alivio— en que el trabajo sí iba a representar un aporte…

—Bueno, Leidy, entonces escribe contribución —me dijo uno de los profes con picardía.
—¡Lo hice!
—Pues, bien hecho... —y así, de buen humor, ese día cerramos el capítulo del aporte...

Con el trabajo terminado, entregado y evaluado satisfactoriamente —y más allá de los resultados de la investigación que, de acuerdo con el veredicto, fueron considerados, textualmente, un aporte— puedo hablar de lo que significó adentrarme en el apasionante campo de los Estudios de Traducción, para mí, la mayor enseñanza que me dejó la tesis de grado: me acerqué a la figura del traductor como investigador, supe apreciar las teorías y el trabajo de muchos académicos de la traducción, apasionados por las culturas y las lenguas... Desde luego, esa pasión se contagia: estudiar de cerca un fenómeno cultural y notar el papel casi divino del traductor (que decide, crea, moldea, cambia…) hace que uno termine admirando aún más su labor, entregándose con mayor responsabilidad, cordura y seriedad a esa magnífica actividad de la traducción.
La teoría de los polisistemas me llevó a concluir —como ya lo habían hecho antes que yo investigadores como Yufen Tai y Patricia Hernández— que los traductores somos los responsables de hacer universal la literatura nacional, de moldear conceptos y crear términos nuevos en una cultura, de redirigir con nuestro trabajo la literatura de una cultura y, por lo tanto, a esa misma cultura. ¡Tamaña responsabilidad!
No fue la mía —como no lo han sido muchísimas otras— una investigación “individualista”: reflexionar en la traducción, en la trascendencia de nuestro trabajo, nos hace comprometernos y madurar como profesionales; ello tiene indiscutiblemente un efecto en la práctica, pues traducir siendo conscientes de ese enorme compromiso resulta, sin duda, valioso para cualquier estudiante y profesional del área. En mi caso fue así... No pretendo, pues, acaparar pasión; espero poder seguir transmitiéndosela a estudiantes, colegas y amigos de la profesión.

Leidy Jiménez






[1] Original en inglés: Such academic research often comes under heavy attacks (see for example Danaher, 1992), perhaps partly because translators and interpreters consider that it often amounts to much ado about nothing and that its production is not relevant or useful to the Translation professions. This view has persisted over the years; see for instance van Leuven Zwaart, 1989; Chesterman and Wagner, 2002. The hostility may be partly due to resentment against what they perceive as self-importance in some personalities from the world of TS (Translation Studies).


Texto citado:
Gile, D. (s.f.). What can practitioners expect from research into translation and interpreting? ESIT, Université Paris 3 Sorbonne Nouvelle [Transcripción de conferencia no publicada].
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4 comentarios:

  1. Ser puentes para la comunicación deja mucha responsabilidad en nuestras manos, la teoría nos enseña mucho de eso. Por otro lado, no dudo que su tesis haya sido, efectivamente, un "aporte" :)

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    1. Tienes razón, Lía. Y muchas gracias por tu comentario. ;)

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